La exfoliación es
una técnica que permite lucir una piel más limpia, sirve para
eliminar las células muertas que se acumulan en la superficie de la piel
impidiéndole respirar y atenúa las líneas de expresión o arrugas.
Las células de
nuestra piel se multiplican, mueren y se renuevan.
La exfoliación:
-Acelera este
fenómeno natural estimulando la regeneración celular.
-Estimula la producción de colágeno.
-Estimula la microcirculación sanguínea de superficie.
-Estimula los fluidos linfáticos que contribuyen a la eliminación de toxinas.
-La piel retoma su suavidad y flexibilidad.
¿Qué exfoliante se debe elegir?
En gel o crema, con mini
bolitas exfoliantes, en bote o tubo... Hay para todos los gustos y todas las
pieles.
- Para el rostro, son preferibles las texturas suaves con un exfoliante
biológico (ácido salicílico), polvo de hueso de albaricoque, bolitas/granos de
jojoba, microperlas de silicio (vegetal) o cetrino (mineral).
- Para el cuerpo, utiliza exfoliantes más fuertes, con fibras naturales
de loofah o con cristales de sales marinas.
Exfoliante, modo de empleo
Es muy simple: pon una avellana de producto exfoliante en la
mano y aplícala sobre la piel limpia y húmeda, dando ligeros masajes circulares,
sin frotar para evitar estirar los tejidos.
- Presta especial atención en las zonas más resecas
y ásperas, como pueden ser los codos, tobillos o rodillas.
- Si vas a exfoliar tu cuerpo, usa un guante o esponja
vegetal. Si decides exfoliar tu cara o cuello, es mejor hacerlo con
ayuda de las yemas de tus dedos o una esponja muy suave.
- Enjuaga la zona con abundante agua fría para activar
la circulación de la sangre en el cuerpo.
- Para el rostro, hazlo del interior hacia el exterior,
descendiendo hacia el cuello y el escote. Acláralo con agua tibia con la ayuda
de un guante de baño o un disco de algodón extragrande.
- Para el cuerpo, hazlo desde los hombros hasta los pies
pasando por la espalda, el pecho (con cuidado, que es una zona sensible), el
vientre, los muslos, las nalgas y las piernas. Acláralo con una ducha caliente
y acaba con un chorro de agua fría para tonificar.
- Aplica una crema hidratante después
de enjuagar la zona exfoliada con agua.
¿Con qué frecuencia?
Todo depende del tipo de piel. Para las pieles secas y sensibles, una
exfoliación cada quince días es suficiente; para un piel normal, una vez a la
semana; y, para una piel grasa, dos veces a la semana.
Importante: toda exfoliación debe ir acompañada de un cuidado
hidratante para restaurar capa protectora de la epidermis.
Para exfoliar el cuerpo, también puedes utilizar accesorios, tipo peeling
natural, como la loofah o lufa (esponja vegetal, extraída de
una planta trepadora tropical), o kassa (guante de crespón
negro utilizado en los hammams).
-Estimula la producción de colágeno.
-Estimula la microcirculación sanguínea de superficie.
-Estimula los fluidos linfáticos que contribuyen a la eliminación de toxinas.
-La piel retoma su suavidad y flexibilidad.
En gel o crema, con mini bolitas exfoliantes, en bote o tubo... Hay para todos los gustos y todas las pieles.
- Para el rostro, son preferibles las texturas suaves con un exfoliante biológico (ácido salicílico), polvo de hueso de albaricoque, bolitas/granos de jojoba, microperlas de silicio (vegetal) o cetrino (mineral).
- Para el cuerpo, utiliza exfoliantes más fuertes, con fibras naturales de loofah o con cristales de sales marinas.
Todo depende del tipo de piel. Para las pieles secas y sensibles, una exfoliación cada quince días es suficiente; para un piel normal, una vez a la semana; y, para una piel grasa, dos veces a la semana.
Importante: toda exfoliación debe ir acompañada de un cuidado hidratante para restaurar capa protectora de la epidermis.
Para exfoliar el cuerpo, también puedes utilizar accesorios, tipo peeling natural, como la loofah o lufa (esponja vegetal, extraída de una planta trepadora tropical), o kassa (guante de crespón negro utilizado en los hammams).


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