Ante los cambios hormonales que se producen en esta etapa de la vida de la mujer el organismo debe llevar ciertos reajustes.
Durante los años previos a la última menstruación las dos clases más importantes de hormonas femeninas cambian hasta que los ovarios reducen la producción de estradiol y desaparece casi totalmente la progesterona, sintetizándose pequeñas cantidades de estrógeno en la grasa corporal y las suprarrenales, no sin antes haber podido provocar algunas menstruaciones abundantes es la estrógena más abundante es la estrona, mientras que el estradiol ovárico va dejando de sintetizarse.
¿POR QUÉ TENDEMOS A ENGORDAR?
El organismo de la mujer postmenopáusica se reorientaba hacia la supervivencia. Entre los primeros humanos, la mujer que alcanzaba una elevada edad ya no podía cazar y quizá no tenía una cazadora que lo hiciera por ella; vivía en una comunidad, pero podía valerse cada vez menos por sí misma. Así que desarrolló la máxima eficiencia de ahorro energético. ¿Cómo? ¡Engordando! Desarrollando una nueva capacidad para almacenar grasas que le permitieran una cierta autonomía en su sustento. Por eso aún hoy las mujeres sentimos que de pronto engordamos más fácilmente y nos cuesta más perder peso.
TRASTORNOS DIGESTIVOS
Los desechos metabólicos hormonales son causa más frecuente de congestión hepática. Durante la etapa de la perimenopausia, el vaivén hormonal puede producir picos de estrógeno y progestágenos que sobrecargan el hígado; a veces, incluso es perceptible en un olor peculiar de la orina, y a menudo son el origen orgánico de cefaleas y migrañas o molestias digestivas.
Al pasar por el hígado, limpiamos el torrente sanguíneo de dichas impurezas, pero a veces esta tarea lo sobrecarga y congestiona, por lo cual es aconsejable tomar ayudas hepáticas. Mantener los intestinos sanos limpiándolos con una cucharadita de semillas de lino, así como cuidar la flora con prebióticos y probióticos, es de gran ayuda. El remedio de aceite y limón también puede ser muy útil. Estos complementos suelen funcionar bién: magnesio, cobre, selenio, zinc, azufre, cardo marioano, alcachofera, boldo, papaya, piña, aceites esenciales de albahaca y las vitaminas del grupo B.
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